FUERA DE FOCO - SILVIA NÚÑEZ HERNÁNDEZ

#NosEstánMatando


Javier Valdez Cárdenas, periodista y escritor reconocido a nivel nacional. En sus libros, hacía una radiografía sobre temas del narcotráfico y hechos violentos sobre el crimen organizado. “El buen periodismo, valiente, honesto, no tiene sociedad; está solo”, vaticinaba el periodista en su libro Malayerba. Una cruda realidad, cuando existe una humanidad que exige buen periodismo a costa de la vida de quienes escriben, pero no mueve ni un solo facción de su rostro por el asesinato artero y cobarde que perpetran en contra de un comunicador.

ONG’S repudian el asesinato. ¿Sirve de algo? El verdadero periodista en la actualidad es considerado como suicida, porque escribir es el peor acto que un ser humano puede desempeñar. Nadie garantiza la vida de un reportero ni de un fotoperiodista, ni su propio medio, quienes sin considerar el riesgo que implica un hecho noticioso y sobre todo, sin considerar y valorar a costa de qué se puede poner en riesgo la vida de un trabajador, hace coberturas en donde la delincuencia impera junto con los malos gobiernos.

Javier Valdez Cárdenas será una estadística más de periodistas asesinados. Jamás el asesinato de un comunicador se ha esclarecido y jamás se ha dado con el autor material –mucho menos el intelectual- de este. ¿Pero a quién le importa? Vivimos en una sociedad adormecida y maniatada con el imaginario lazo que colocan sobre sus cuellos los poderosos. Dóciles y fieles, reproducirán –como siempre sucede- el lodo que la clase política verte en la memoria de los fallecidos.

Sociedad infiel que no merece más que basura informativa, esas que producen “periodistas” mercenarios de la comunicación. Esa que no se arriesga la vida de quienes escriben, pero que si reciben pago por sus lisonjas; esa misma prensa, que los funcionarios les tiran las migajas para que ataquen a otros periodistas y como jauría, se lanzarán a recoger del suelo. Periodismo sin dignidad y con mucha soberbia.

Todos repudian y se indignan pero a través de un ordenador. Jamás habrá una defensa social a favor de quienes empuñan el arma más letal para los delincuentes políticos: una pluma. Duele, siempre dolerá el asesinato de un colega periodista. Duele más cuando ese personaje realiza un trabajo verdadero digno y no podrá jamás compartir sus entregas. Duele, porque cada día estamos más solos y la sociedad cada día más sumisa y temerosa, se agazapa para salvaguardar su integridad y eso hace vulnerable a la actividad periodística. Una sociedad que exige un periodismo crítico y acusan de corruptos a aquellos periodistas que escriben por encargo, por miedo a perder la vida. Una sociedad que merece ser abandonada por el buen periodismo como ella desampara a quienes se entregan a la profesión con ética y responsabilidad.

El día de hoy, pocos periodistas se unirá en una marcha a nivel nacional para repudiar el acto cobarde. Solos, con una sociedad que observa lejana y ajena al dolor que esto provoca, sin complicarse, sin considerar que al matar a un periodista, matan también su derecho a vivir informado. Matan al buen periodismo y le cierran la puerta a vivir con información veraz y conocer detalles de la corrupción con la cual caracteriza al gobierno federal, estatal y municipal. Descansa en paz, Javier Valdez Cárdenas

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