EL BALDÓN - JOSÉ MIGUEL COBIÁN ELÍAS

¿Vamos Hacia la extinción?



La pregunta del título es algo que todos nos hemos preguntado, o nos han preguntado alguna vez en la vida. Fuera de las preguntas fundamentales de ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué debo de morir? O las preguntas más inmediatas que muchos seres humanos se hacen día con día como: ¿Comeré mañana? ¿Seguiré vivo mañana? ¿Mi familia estará segura? ¿Si me esfuerzo tendré una mejor vida? ¿ Tengo algún futuro mejor? ¿Igual? ¿Peor?...

En lo personal siempre me ha preocupado el futuro de la humanidad. De pequeño me angustiaba día tras día en razón de la posibilidad de que un idiota en Moscú o en Washington condenara a la humanidad a una guerra nuclear provocando la extinción masiva del género humano.

Hace unos días platicando un amigo muy brillante y amante de la ciencia, me decía que su preocupación va en el mismo sentido, pero tiene otro origen: Cualquier persona que busque tendencias de crecimiento de la población en google, podrá entender que la tendencia de crecimiento tiende al infinito mientras que la tierra es un planeta finito.

Esta preocupación me regresó la tendencia paranoica de estar pensando que la propia humanidad camina hacia su destrucción, ya sea por el solo hecho de la sobrepoblación o por los efectos de la misma.

Experimentos en animales sociales como las ratas, muestran un incremento en la agresividad cuando se saturan los espacios habitables. Parece que todas las especies tienen un límite más allá del cual, comienzan a destruirse entre ellas mismas.

El crecimiento desmedido de la población, ha convertido en un infierno enormes zonas del planeta. Debido a que los satisfactores no son suficientes, o son monopolizados por un pequeño sector de la población, y eso provoca una enorme frustración y descontento en el resto. Esto sucede a pesar de que el nivel de bienestar es muy superior hoy que en épocas anteriores, pero la diferencia es que todos aspiramos a más y muy pocos lo logramos.

Los jóvenes musulmanes europeos que decidieron inmolarse en Paris para matar a sus propios compatriotas son un claro ejemplo de hijos y nietos de migrantes que no han sido aceptados ni han logrado ocupar un lugar en una sociedad que todos consideramos de bienestar, y son esas frustraciones las que los han llevado a esos actos extremos de barbarie.

Ver los millones de migrantes sufriendo por encontrar un mejor lugar para vivir, ya sea en Europa o en Estados Unidos es una muestra clara de que el ser humano buscará el bienestar aún a costa del riesgo de su propia vida.

Por otra parte, está claro que tarde o temprano los países con mayor poderío militar o con mayor bienestar serán incapaces de absorber esas hordas de migrantes, y cerrarán sus fronteras. Lo cual va a genera más hambre y guerras, por la ambición de unos de tener lo que los otros ya tienen y gozan.

Esto sin contar además que siendo finitos los recursos del planeta, llegará un momento en que las guerras serán (como siempre) por motivos económicos, es decir por el control de esos recursos, que pueden ser tierras fértiles o incluso el agua potable. Tal como hoy vemos que hay guerras por el petróleo.

Las religiones que promueven el crecimiento indiscriminado de la población de sus fieles, tarde o temprano tendrán que cambiar su filosofía, o quizá simplemente habrá también guerras de religión para buscar ver si los cristianos o los judíos o los musulmanes son los que sobreviven e imponen su fe al resto del planeta.

En todos los casos el panorama es apocalíptico y quizá no le toque a nuestros hijos, pero sí podrán verlo nuestros descendientes, antes de que termine este milenio.

Lo más grave es que la solución está al alcance de la mano. Los países ricos y poderosos pueden apoyara los más pobres e inestables, para que generen crecimiento económico, y sus poblaciones no tengan que emigrar, sino que sean felices en su propia patria. Las religiones podrían cambiar su enfoque en bien de la humanidad, que es lo que les debiera de importar, por encima de sus propios dogmas y creencias. Los gobiernos podrían estimular planes de control natal, para cuando menos lograr una estabilización de la población mundial, y lo más importante, cambiar la filosofía del género humano, modificar la tendencia a la ambición personal, por el bien de todos, pero cuando hablamos de todos, tenemos que entender que todos, somos todos los seres humanos que habitamos este planeta tierra, sin importar raza, color de piel, o creencia religiosa.

La humanidad debe evolucionar y para ello debe de combatir la ignorancia y el fanatismo, además de impedir y rechazar el abuso de los poderosos… Sé que suena muy difícil pero es la solución más fácil para que el bienestar alcance a la mayoría de los seres humanos, y no sigamos caminando directamente hacia la extinción de la raza humana.

La ayuda no va a llegar desde el espacio exterior, ni tampoco de alguna figura sobrenatural. O lo resolvemos nosotros mismos y cuidamos nuestro entorno, o llegaremos a un punto de no retorno. Ya comenzamos con el calentamiento global….

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