EL BALDÓN - JOSÉ MIGUEL COBÍAN ELÍAS

La competitividad tan elusiva en México


De plano damos pena como país. Cuando medimos a México con las cuarenta y tres principales naciones del mundo resulta que ocupamos el lugar 36, es decir somos de los últimos. Es decir somos un país que no es competitivo a pesar de la apertura comercial y de los sacrificios de diversos sectores que han desaparecido o han visto mermado su mercado precisamente por no ser competitivos a nivel mundial.

Da pena pensar que cuando fuimos gobernados por Acción Nacional, partido que supuestamente presume su cercanía con los empresarios y su calidad en la administración pública, bajamos del lugar 32 que ocupábamos el primer año de mandato de Fox, al lugar 36 en 2013, prácticamente el primer año de Peña, pero que refleja los efectos de los doce años de gobiernos de derecha en México.

El déficit de esos doce años (seis en realidad, pues Fox nos mantuvo en el lugar 32 durante todo su mandato) se debe principalmente a rezagos en el área de estado de derecho, en la cual ocupamos el lugar 40 de 43, lo cual significa que hubo retrocesos significativos en cuanto a la procuración y administración de justicia en el país durante el gobierno de Felipe Calderón, algo que por desgracia no se vislumbra que vaya a mejorar durante el sexenio Peña.

Estado de derecho implica también el rubro de seguridad, el cual tuvo una caída impresionante a raíz de la declaración de la guerra contra el narcotráfico, guerra urgente y necesaria ante el avance del crimen organizado, pero llevada a cabo sin planeación y sin estrategias previas, debido a intereses de urgente legitimación política. Llegando el presidente a tener un par de cercanos colaboradores relacionados con cárteles ya sea mediante sobornos o negocios.

El influyentismo también se incrementó durante el gobierno de Calderón, quedando claro con el reparto de puestos federales, hasta de quinto y sexto nivel, no para funcionarios de carrera, sino para correligionarios que llegaron sin la mínima experiencia, tal como sucedió en la policía federal, dónde los juniors desplazaron a los policías de carrera.

En cuanto a Infraestructura, facilitadora de la actividad productiva ocupamos el lugar 38, y es tan claro como viajar por cualquier carretera de México, o buscar agua para una industria, o electricidad sin fallos ni fluctuaciones graves. Los servicios que proporciona el gobierno empeoraron durante el sexenio de Calderón, y tampoco vemos próxima mejoría.

Otros índices que no sólo no mejoraron, son que empeoraron durante el régimen del presidente Calderón fueron los de Sociedad incluyente, preparada y sana. En cuanto a la inclusión y libertad política se vivió un ambiente de represión y cerrazón desde el poder público central, en particular con la participación directa de Genaro García Luna, quien jamás fue ni ha sido investigado por sus oscuras relaciones. Si bien se implementó el seguro popular, sus deficiencias fueron y son tan graves, que realmente no permiten asumir una mejoría en la salud de la población, y el deterioro de los dos pilares de la salud pública como es el caso del IMSS y del ISSSTE fue notorio durante dicho sexenio, generando consecuencias que aún hoy se sufren, como el hecho de que mientras todos los países de la OCDE tienen una esperanza de vida superior a los 75 años, y en los últimos doce incrementaron en tres años dicha esperanza de vida. Los mexicanos seguimos por debajo de dicha cifra, sin ningún avance en los últimos doce años.

Además continúan las muertes por enfermedades fácilmente curables, por falta de infraestructura, falta de médicos, falta de medicinas o una combinación de ellas.

En cuanto a sociedad preparada, está muy claro el daño que durante ambos sexenios generó la asociación con Elba Esther Gordillo, y la permisividad para ambos sindicatos magisteriales, la CNTE y el SNTE. Al grado que hoy seguimos con un brutal déficit en la cultura y preparación de los mexicanos, dónde una inmensa mayoría no es capaz de realizar la mínima operación aritmética o comprender un párrafo de un texto.

Por todo lo anterior, México cuando se mide su competitividad está por debajo de países como la República Checa, España, Chile, Hungría, Polonia, Costa Rica, Grecia, Panamá, Brasil, Tailandia y Perú, por mencionar sólo algunos.

Competir significa medirse contra otros. Los mexicanos tenemos todo en contra y aún así competimos. Somos una economía muy abierta, con múltiples tratados comerciales, pero con un mínimo de capacidad para luchar de tú a tú con las principales economías del mundo. Tal parece que estamos destinados a ser un país de consumidores y prestadores de servicios, con escasa capacidad manufacturera, salvo algunas industrias líderes, en las cuales estaremos destinados a ocupar los puestos más bajos del escalafón, gracias a una reducción de más del 75% del poder adquisitivo de los salarios lograda desde la década de los 80´s a la fecha.

Hoy a Peña le toca el combate frontal a la corrupción (o a su sucesor si todo se vuelve simulación), el combate a la impunidad, la creación de un verdadero estado de derecho, devolver la tranquilidad y la seguridad a todo el territorio nacional, y elevar los niveles de salud y de educación de la población, con el fin de elevar también el nivel de bienestar de una población creciente y que carece de muchos satisfactores.

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